El Trabajador y los Secretos de la Empresa

La obligación o deber de secreto, deducida del deber de buena fe contractual, rige con carácter general las relaciones laborales y exige mantener en reserva datos relativos a la empresa cuya divulgación pudiera ocasionar algún perjuicio al empresario, tanto económico como de cualquier otra índole.

El deber de secreto, respecto del de sigilo, supone un grado mayor de reserva al actuar solo en ciertos supuestos que se circunscriben a las materias que tienen naturaleza secreta por mandato de la ley o porque, siempre dentro de los términos permitidos por ésta, han sido así calificados.

La obligación de secreto, con carácter general, recae sobre los trabajadores individualmente considerados. El incumplimiento de esa obligación faculta al empleador a ejercer su facultad disciplinaria, de acuerdo con el principio de proporcionalidad.

Al respecto el Código de Trabajo de El Salvador, establece como una obligación para los trabajadores el guardar rigurosa reserva de los secretos de la empresa, cuando estos son del conocimiento de él por razón de su cargo y además, sobre todos aquellos asuntos administrativos que al ser divulgados puedan causar perjuicios a la empresa.

En tal sentido, ante el incumplimiento por parte del trabajador al revelar los secretos de la Empresa o cuando este se aproveche de ellos e incluso al divulgar asuntos administrativos le da al empleador la facultad de dar por terminado el contrato individual de trabajo sin responsabilidad, o sea, sin indemnización, por ser considerado una falta grave, para lo cual es importante que el empleador documente todo el actuar de la relación laboral, así como las faltas cometidas por su personal y en aquellos casos en que se comete delito penal, hacer uso de las instancias correspondientes con miras a establecer precedente sobre conductas ilícitas que cometen los empleados en el desempeño de su cargo.

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